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Congregación de las hermanas clarisas

85 AÑOS DE VIDA CLARIANA EN

SANTA ROSA DE OSOS

Llegaron a esta ciudad procedentes de los monasterios de Pamplona y Jericó el 28 de septiembre de 1918, cuatro humildes religiosas: MADRE MARIA NICASIA DE JESÚS, SOR MARIA ENGRACIA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, SOR MARIA CATALINA DE LA INMACULADA Y SOR MARIA AMADA DEL CARMELO, trayendo en sus almas el anhelo creciente del sacrificio de si mismas en la oblación victimal de la obediencia, pobreza, castidad, oración y penitencia, para atraer sobre esta región Antioqueña las bendiciones del Altísimo. Al día siguiente 29 de septiembre, fiesta de San Miguel Arcángel, en la Catedral y en Misa Pontificial, se verificó la erección canónica de esta casa de Dios por el Excmo. Señor Obispo Maximiliano Crespo.

El Rvdo. Padre Maturin Gehanno (Frances y entonces provincial de Los RR. PP. Edudistas en Colombia) compañero de viaje de las religiosas que vinieron de Pamplona, llevo la palabra; dijo entre otras cosas que así como selvas vírgenes se encuentran bellas flores, orquídeas de fragante perfume, pero completamente desconocidas a los hombres, cuya aroma y belleza recrea solamente a su Creador, así también las religiosas contemplativas, retiradas en sus claustros e ignoradas del mundo, pasan su vida recreando a Nuestro Señor con el buen olor de sus virtudes y sacrificios, y con el incienso de la oración y la penitencia oculta y voluntaria a favor de la humildad.

Esta mínima Comunidad se instaló en una casa de la calle denominada: “EL PALO” en donde permaneció hasta el día 2 de febrero de 1920 en que ocupó el Monasterio reedificado del propio peculio del Señor Crespo, situado en el lugar denominado posteriormente “Parque Berrío” y “Barrio San Francisco”, contigo a la Capilla del mismo nombre, antes constituida por los Hermanos de la Tercera Orden Franciscana Seglar.

Aquí se deslizaron pacífica Comunidad, que durante esta época tuvo el consuelo de ver aumentado el número de sus Religiosas con la llegada de muchas vocaciones, a quienes no arredraban ni la austeridad de la vida, ni siquiera el peligroso estado del edificio agrietado a causa del terremoto ocurrido en 1930. Por tal motivo de acuerdo con los Superiores conciben las Monjitas el propósito de edificar desde sus cimientos un nuevo Monasterio es entonces cuando Monseñor Jesús Maria Urrea, en ese tiempo Vicario General de la Diócesis, apoya el proyecto y ofrece levantar de su propio peculio una Capilla a la Seráfica Madre Santa Clara, si le obtiene una gracia.

El R. P. Andrés Basset (Eudista) con mirada futurista señala el lugar; y el Monseñor Gerardo Martínez Madrigal, bienhechor y amigo del convento, ofrece gratuitamente le terreno, como consta en la escritura correspondiente.
En el año 1938 se iniciaron los trabajos de construcción del Monasterio, puesta la confianza en Dios y en el esfuerzo personal de la Comunidad por medio del trabajo Manuel y lucrativo que había de suplicar, como también en la generosa ayuda de la Ciudadanía Santarrosana, y de los bienhechores, para el sostenimiento de la obra.

El 4 de Octubre de 1943 se bendijo la primera piedra para la construcción de la Capilla.

En la noche del día 7 de Diciembre de 1949, de incógnito, silenciosa y calladamente se trasladó aunque inconclusa, en la que, con el incremento de la gracia Divina, el estimulo de los Superiores y de la espiritual y material colaboración del Clero Diocesano, los RR. PP. Eudistas quienes mantuvieron la Capellanía y dirección espiritual de la Comunidad a través de 66 años, como también de la Ciudad de Santa Rosa en general, el Monasterio ha continuado su Labor de desarrollo y superación, tanto en lo espiritual como en lo material.